A veces, las partes intervinientes en un contrato de alquiler deciden no formalizarlo por escrito, lo que puede acarrear bastantes inconvenientes si surgen desavenencias.
En cualquier caso, la inexistencia de un contrato escrito no significa que no haya contrato, sino simplemente que el contrato celebrado es verbal.
A continuación, vamos a analizar las consecuencias de que el inquilino se niegue a marcharse y el contrato de arrendamiento sea verbal.
